lunes, 23 de febrero de 2009

Alegría.


Fue un flash de luz natural el brillo de los ojos de la esperanza, aquel instante previo a un nivel máximo de exaltación, en menos de un segundo se revoluciona el espacio que rodea el sitio, suben irreversiblemente los decibelios para expresar la relación entre dos magnitudes; el magnifico carnaval que vive en sus emociones y la magnitud de los 140 dB de un umbral de dolor, como si fuese lo ultimo que sucediera sobre esta faz de la tierra, las calles se congestionan, las autoridades inauguran su profesión, la música danza por el aire y el agua corre por las pieles. Es como si el sol brindara mas energía de lo normal, los niños ríen por que las abuelas bailan, los jóvenes besan, los gatos ladran y los perros maúllan, los blancos se pintan de negro, los negros de blanco, los hombres de mujer, las mujeres de reinas, las reinas de pueblo, el pueblo de felicidad, los colores cobran vida, las fotos alimentan la memoria, la luz no nos abandona por ningún motivo, cuando el sol se oculta, los demás siguen a Dionisio en la bien llamada farra, explotan dos rubíes en su cara, al fin la entrada a la fiesta duplica las risas y las mujeres como un radiador y el pescado reflexiona, se quita las espinas. Esa es la revolución de la boca, grita Antonio, solo deja que estalle tu cabeza mientras las congas, timbales, panderetas y teclas hacen lo suyo mientras los oídos reciben lo correspondiente, si alguna vez preguntan quien fue el que pensó esto digan que fue un caminante que la vida trajo aquí a muy buena hora.